Dr Ricardo Rodriguez Silvero con la participación del Monseñor Miguel Fritz OMI
El tema del título es la continuación de la primera entrega, ya publicada el pasado domingo 19 de abril de 2026 en el diario Ultima Hora de Asunción. En la misma se abrió camino a la conclusión que con los siguientes concubinatos los guaraníes procrearían una vasta descendencia: 1) Con la guaraní María de Mendoza, una hija del cacique Pedro de Mendoza, éste tuvo tres hijos: Diego, Antonio y Ginebra Martínez de Irala. 2) Con la guaraní Juana tuvo a Marina de Irala. 3) Con la guaraní Águeda nació la mestiza Isabel de Irala que se unió en matrimonio con el conquistador Pedro de la Puente Hurtado y con quien concibiera al futuro gobernador interino Pedro Hurtado de Mendoza. 4) Con la guaraní Leonor tuvo a Úrsula de Irala. 5) Con la guaraní Escolástica tuvo a Martín Pérez de Irala. 6) Con la guaraní Marina nació Ana de Irala. 7) Y con la guaraní Beatriz María de Irala.
Según el genealogista Narciso Binayán Carmona, el conquistador español Domingo Martínez de Irala tuvo gran descendencia mestiza guaraní, cuyas hijas fueron entregadas en matrimonio a diferentes conquistadores, de cuya estirpe descienden muchos de los próceres de mayo y grandes personajes argentinos y paraguayos como ser: Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan Francisco Seguí, Juan Francisco Tarragona, Remedios de Escalada de San Martín, José Gaspar Rodríguez de Francia, Juan Antonio Álvarez de Arenales, José Evaristo Uriburu, José Félix Uriburu, Victoria Ocampo, Bernardo de Irigoyen, Saturnina Otálora –segunda mujer de Cornelio Saavedra, Carlos Saavedra Lamas, Manuel Quintana, Francisco Solano López, Joaquín Samuel de Anchorena.
SIGLOS XVI Y XVII
MISIONES JESUÍTICAS Y GUARANÍES ENTRE ARGENTINA, PARAGUAY Y BRASIL
Los sucesivos contactos entre los conquistadores europeos y los guaraníes estuvieron marcado por una fuerte presencia misionera católica y por las expediciones en búsqueda de esclavos organizadas por los portugueses, principalmente a partir de São Paulo. Los territorios ocupados por estos indígenas fueron objeto de disputas y conflictos permanentes entre el Imperio Español y el Reino de Portugal ya desde los orígenes de Brasil. Portugal permanentemente avanzó hacia el oeste en detrimento del Virreinato del Perú. Los guaraníes representaron la principal riqueza demográfica disponible en toda la región en términos de mano de obra.
Hacia 1542 una trabajadora doméstica guaraní de Asunción conocida como la India Juliana asesinó a su amo español e instó a las demás mujeres indígenas a hacer lo mismo, terminando sentenciada y ejecutada por orden del adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Su rebelión es considerada el origen de las primeras insurrecciones indígenas registradas de la época y su figura una de las más destacadas en la historia de las mujeres de Paraguay. A partir de los principios del siglo xvii y con la duración de más de un siglo y medio la administración de los grupos guaraníes fue encomendada a los misioneros jesuitas que fundaron decenas de reducciones en las que administrativamente fue la Provincia Paraguaria o Paracuaria (dependiente del Virreinato del Perú hasta que fue creado el Virreinato del Río de la Plata) en las gobernaciones pobladas por estos indígenas. Ambas formas, Paraguaria o Paracuaria, son históricamente correctas, pero se refieren a contextos y épocas diferentes.
La denominación utilizada por los jesuitas en la época colonial era Paraquaria mientras que Paraguaria es una variante latina/hispanizada de la misma. Las misiones jesuitas fueron los lugares de refugio para muchos grupos guaraníes, aislados del sistema económico hispanoamericano y autosuficientes, limitando de hecho su conversión en mano de obra al servicio de colonizadores españoles y portugueses.
Estos fueron los motivos que llevaron a organizar las expediciones de encomenderos españoles y bandeirantes portugueses en búsqueda de indígenas. Así, mientras los encomenderos sujetaban a los guaraníes a su servicio personal, los bandeirantes sencillamente los sometían a la esclavitud atacando a las misiones y llevándose a miles de guaraníes, a los que privaron de su libertad. Con el descubrimiento de los yacimientos auríferos (rocas, ríos o depósitos que contienen o transportan oro) en el actual Mato Grosso a finales del siglo xvii, los guaraníes perdieron interés como fuente de ingresos, desapareciendo de la mayor parte de los registros históricos.
Con el Tratado de Madrid, firmado en 1750 entre Portugal y España, ambas potencias modificaron sustancialmente sus relaciones, cambio que afectó también sus posesiones ultramarinas. En España, el acceso de los nuevos reyes Borbones y las reformas por ellos introducidas condujo a que los jesuitas fueran expulsados por el rey Carlos III en 1767. Los territorios habitados por los guaraníes fueron de interés para las comisiones instituidas por el Tratado de Madrid y designadas para establecer los límites de las posesiones en América del Sur, en particular, las fronteras entre Brasil y Paraguay. Ambos reinos enviaron expediciones de exploración y definición de sus nuevas fronteras. La comisión de expedicionarios llevó al redescubrimiento de grupos guaraníes que habían escapado de las políticas coloniales y se habían refugiado en la selva.
SIGLO XIX EN ADELANTE
Los siguientes registros de los guaraníes se dan a partir del siglo xix y luego a expediciones organizadas por el Barón de Antonina. Con la guerra de la Triple Alianza (1864-1870) las fronteras territoriales fueron nuevamente reformuladas, trayendo consigo otros testimonios sobre la presencia de grupos guaraníes en aquella región. Gran parte de los territorios, ocupados para entonces por los guaraníes kaiowá y ñandeva fueron dejados en concesión a la Compañía Matte Laranjeira que utilizaba a lguaraníes como mano de obra, pero no ocupaba sus territorios porque estaba interesada únicamente en la explotación de la planta del mate. De hecho, para mantener el monopolio de la extracción favoreció el aislamiento de los guaraníes y los mantuvo apartados de posibles proyectos de colonización.
Con el fin del monopolio de la Compañía Matte Laranjeiras y las migraciones de colonos provenientes principalmente de los estados de São Paulo y Rio Grande do Sul, se redujeron, durante el siglo xx, todavía más los territorios a su disposición. En los años 1920 se creó el SPI (Serviço de Proteção aos Índios), órgano federal del gobierno brasileño con competencia en la «protección» de los indígenas que no solo no logró parar el proceso de expropiación sino que facilitó el mismo a través del desplazamiento forzado de grupos indígenas a petición de los colonos. Los indígenas desplazados estaban confinados en pequeñas áreas de reserva muchas de las cuales permanecen hoy en día, acarreando graves consecuencias para su supervivencia social y bienestar físico.
Cuatro grupos de guaraníes no integrados a la «civilización occidental» llegaron hasta el siglo xx, principalmente en el Paraguay, pero parcialmente también en la provincia de Misiones: uno es el de los paí tavyterás, fracción norteña de los que los paraguayos llaman aún cainguás; los mbyás que viven también en la Argentina; los chiripás, que se llaman a sí mismos avá katú etés o ñandéva; y los achés, también llamados axés o guayaquíes; al iniciarse el siglo, en su totalidad eran algo menos de cien mil personas. A mediados del siglo anterior todavía ocupaban campos de caza salvajes en la selva, pero el avance de la ganadería y la agricultura los obligó gradualmente a aceptar incorporarse a la civilización paraguaya y argentina, aunque conservando muchas veces sus tradiciones, sus relatos míticos y reales así como resistiéndose a abandonar su lengua, similar al guaraní paraguayo y al correntino, pero menos influenciado por el castellano.
A partir de los años 1980 los guaraníes comenzaron a organizarse para reivindicar sus territorios propios en los espacios políticos nacionales, dando vida a movimientos de reivindicación territorial que continúan consolidándose hasta el presente. Actualmente las comunidades de guaraníes de la provincia de Misiones pasan por graves problemas que podrían llevar a la desaparición del pueblo. Las principales causas son la falta de tierras, la desnutrición, tuberculosis y la falta de ayuda por parte del gobierno provincial y federal argentino. Son alrededor de siete mil guaraníes, agrupados en 76 aldeas. El factor principal de la crisis es la falta de territorios, ya que esta tribu utiliza los recursos naturales en amplias extensiones de tierra, desplazándose en grandes distancias para cazar, pescar, recolectar frutos del monte. La presión demográfica sumada a la explotación forestal hizo que las comunidades vean reducido su espacio vital. Además existe una emergencia alimentaria y sanitaria, con picos muy graves en algunas comunidades, con niños con alto índice de desnutrición y enfermedades asociadas. En 2004, 38 de las aldeas que existen en la provincia marcharon a la plaza Nueva de Julio, frente a la Casa de Gobierno provincial, en la ciudad de Posadas haciendo oír sus reclamos en busca de mejora y ayuda del gobierno.
En la región de Mato Grosso do Sul de Brasil los guaraníes, al igual que muchos pueblos indígenas, se ven negativamente impactados por la colonización interna de terratenientes que han usurpado sus territorios ancestrales para la producción de monocultivos como la soja y la caña de azúcar. La disputa territorial, en un contexto de violencia ejercida asimétricamente por los agroganaderos para garantizar su dominio, es una condición objetiva y subjetiva que desfigura sus formas de organización, producción e identidad cultural con consecuencias devastadoras en su integridad física y salud mental: según un estudio de 2014, esta tribu en Brasil presenta la mayor tasa de suicidios del mundo, la cual se ha triplicado en los últimos veinte años. Las edades de mayor incidencia se encuentran entre los 15 y 30 años.
El clima de impunidad y de permanente asedio y asesinato, presuntamente a manos de «pistoleros» contratados por los terratenientes, de los líderes que intentan regresar a su territorio mediante «retomadas» o «reocupaciones» agrava el panorama actual en términos de violación de derechos humanos.
ECONOMÍA
Utilizan técnicas agrícolas, que consisten en: cultivos en medianas y pequeñas parcelas aptas para la producción del consumo personal, raramente superiores a tres hectáreas. Los terrenos se limpian, si es necesario, con el uso del fuego, y se preparan para plantar las semillas; quedando aptos para el uso por varios años, dependiendo del tipo de terreno y de las plantas cultivadas, tras lo cual posteriormente se dejan «reposar» hasta estar preparados para su nuevo uso. Los terrenos se encuentran, en condiciones ideales, aproximadamente a un kilómetro de la residencia de la unidad de trabajo y producción: la familia. Poseen una taxonomía botánica refinada, que les permite obtener óptimos resultados en el campo agrícola en la relación coste-beneficio y en la gestión de suelos y poli-cultívos (diferentes especies alternadas en el mismo terreno). Las eventuales colaboraciones en actividades económicas y productivas se producen a través de relaciones de parentesco, que implican determinadas obligaciones, aunque siempre conservan libertad para buscarse otros grupos con los cuales instaurar relaciones de reciprocidad. Así, para determinados trabajos en los cuales el núcleo familiar necesita ayuda, como la cosecha estacional o la preparación de nuevos campos, se llamará a cooperar a parientes y vecinos, a los cuales se les servirá comida y, al final del trabajo, una fiesta a base de bebidas fermentadas (preferiblemente de maíz-chicha), comida, cantos y danzas.
La pesca y la caza son actividades importantes, aunque no con el peso que solían tener en el paso, desde el punto de vista económico, sino más bien desde la perspectiva de la formación personal, del recreo y del control del territorio. Se practica la caza con fusil, arco y honda, mediante el desplazamiento a lo largo de grandes distancias, o el uso de trampas (a percusión, monde, y a cintas, ñuha), puestas especialmente alrededor de los cultivos. Las técnicas de pesca comprenden el arpón y la caña para la pesca individual, o el uso de redes y de una raíz con propiedades para aturdir a los peces, el Timbóu, en caso de pesca en grupo.
ACHE
Los Aché, anteriormente llamados guayakí de forma despectiva, son un pueblo indígena cazador-recolector nómada del Bosque Atlántico del este de Paraguay. El término guayakí es considerado ofensivo por el pueblo Aché porque es una denominación externa impuesta por otros grupos (históricamente los guaraníes) que significa literalmente «ratas del monte» o «ratones rabiosos/feroces». Aunque su lengua es una variante del guaraní, poseen cultura, características físicas y costumbres distintas, habiendo vivido aislados hasta mediados del siglo XX.
En cuanto a los Aché se podría todavía mencionar que fueron los más perseguidos en 1969, uno de los últimos mercados de esclavos (Juan Nepomuceno); en 1973 fue la última cacería: se mataba a los padres, se llevaban a las criaturas (igual como en los años 30/40 en Mariscal Estigarriba). El Campo de Concentración de Jesús Pereira, que violaba, vendía, torturaba a los Aché, lo cual fue denunciado por Mark Münzel (director del Museo Etnológico de Frankfurt), quien por eso fue expulsado del Paraguay, pero logró que el caso llegase al senado de EEUU y a las NNUU, por lo cual se cortaron los fondos del FMI y Stroessner tuvo que expropiar tierra en favor de los Enenlhet de Casanillo, para «quedar bien» a nivel internacional; sin embargo llegó a tener problema con Videla, ya que había expropiado tierra de Casado y entonces se retractó
Observación: Compilación hecha con numerosas publicaciones en internet y otros medios electrónicos. Es probable en ellas la utilización de Inteligencia Artificial. Su carácter heterogéneo se debe a que provienen de fuentes diversas que trabajan en su mayor parte independientemente las unas de las otras. Por eso, es mucho lo que resta por hacer todavía para ofrecer una mejor presentación.
Informaciones generales sobre estos temas pueden obtenerse también en la página web, de acceso gratuito e inmediato: https://rsa.com.py/
Dr Ricardo Rodríguez Silvero con participación del Monseñor Miguel Fritz OMI