Palabras del Mons. Miguel Fritz: Hace poco tuve la grata visita de un amigo de Asunción, una persona académicamente bien formada. Fue la primera vez que él pisó el Chaco. Es increíble, pero todavía hay muchos que desconocen la región que abarca casi 2/3 del territorio nacional. Piensan que el Chaco sería un “desierto”, donde hay principalmente indígenas y menonitas, que no está lejos de la verdad: los 70.000 indígenas en el Chaco (que es la mitad de toda la población indígena paraguaya) y los 15.000 menonitas de origen ruso-alemán (son la tercera parte de la población del Chaco, que se duplicó en los últimos 30 años); ahora ya hay 1 persona por km² en el Chaco paraguayo. Las 3 colonias menonitas (cooperativas y particulares) disponen de más ha que todas las comunidades indígenas que tienen apenas 867.000 ha de tierra titulada (menos de la mitad de lo que según la Constitución Nacional deberían tener). Sin mencionar grandes terratenientes con decenas de miles de hectáreas, extranjeros y paraguayos, como una compatriota que posee nada menos que 17 estancias, sólo en el Chaco. Lo que muchos paraguayos no saben es que ya no son sólo 17 pueblos indígenas en todo el Paraguay, como en tiempos de la dictadura stronista, que además usó el dato demográfico de 38.000 indígenas en todo el país… En la parte Oriental existen 4 etnias, todas de la familia lingüística guaraní. En el Chaco pluricultural existen de 15 a 16 pueblos, perteneciendo a las 5 familias lingüísticas que caracterizan al mapa indígena en nuestro país: Guaraní, Mataco-Mataguayo, Maskoy, Zamuco, Guaikurú.

Ya escucho las voces que pegan el grito al cielo: “Ya tienen tanta tierra los indígenas, pero no saben aprovecharla; no trabajan”. Pero ¿quién define que la tierra necesariamente tiene que ser explotada? ¿Explotada hasta el último metro cuadrado? ¿Explotada con máquinas pesadas y tratada con fertilizantes y agrotóxicos? Cierto que trae muchos beneficios para algunos pocos, hoy, quizás mañana. ¿Y las próximas generaciones? Cierto, que trae trabajo para algunos (son cada vez más las máquinas que lo hacen); algo que no siempre es digno, no siempre correctamente pagado, no siempre profamiliar. Ya escucho las voces que dicen: “Está contra el progreso”. No, no estoy contra el progreso. Pero el verdadero progreso no puede ser ilimitado, siempre se debe respetar la vida humana, y la “casa común”.

Duele cuando se escucha a los indígenas comentando que antes vivían mejor; que no les faltaba comida. Duele cuando cuentan que ahí abajo están los cuerpos de sus antepasados, donde ahora se plantan soja o algodón. Mi amigo se quedó sorprendido cuando vio indígenas enseñando en escuelas y colegios, celebrando servicios religiosos, organizando coros. Lo único que vio fueron indígenas mendigando en los cruces de las calles asuncenas. Da pena que mucha gente ve indígenas sólo como mendigos, irritando por su aspecto. Pero hay que investigar, por qué están allí; de dónde vienen; si realmente son más felices en las calles y plazas de Asunción que en su propia tierra.

Por cierto, no son los indígenas del Chaco los que se encuentran en estos lugares. Entonces, “¿en el Chaco todo está bien?”. Lastimosamente no. A modo de ejemplo: una gran cantidad de familias Manjui fueron desplazadas, ya muchos años atrás. Vivían más de 15 años bajo carpas y en chozas muy precarias dentro de la ciudad de Mariscal Estigarribia, en el Chaco, donde de nuevo estorbaban, porque se necesitaba “su” pedazo de tierra para el ramal que conecta con la Bioceánica. Si no hubiera sido por iniciativa de organizaciones particulares y de la Iglesia, probablemente no hubieran conseguido todavía este pequeño pedazo de la enorme tierra militar, donde ahora están formando la comunidad “Abizai”.

Ciertamente, estas organizaciones consiguieron apoyo de la Municipalidad y de la Gobernación, así como de las instituciones responsables, pero había que “hinchar” y convocar permanentemente. ¿Por qué el INDI es tan lento para realizar el reconocimiento de líderes, la personería jurídica y conseguir la titulación? –que siguen esperando todavía–. Después de décadas, finalmente el año pasado, los Ñandeva de Loma pudieron recibir el título de tierra, de las manos del mismo presidente de la República. Y eso solo porque de nuevo personas y organizaciones –¡no del Estado!– pusieron el pecho y la cara para acompañar a estos indígenas, ya desesperados por la inercia de las instituciones estatales. Pero lo peor viene todavía: dentro de esta tierra indígena (marcada como tal hace mucho, pero titulada recién el año pasado), tres estancieros colocaron “sus” establecimientos. Se tuvo que acudir en varios juicios hasta la Corte Suprema para que la comunidad indígena viera cumplido su derecho. Sin embargo, hasta ahora siguen dos de estos invasores aprovechándose ilegalmente de esta tierra ajena. Cuando indígenas “invaden” tierra históricamente suya, pero comprada por algún personaje adinerado no faltan centenares de policías e incluso de representantes de empresas privadas de seguridad para echarlos y quemar sus ranchos. ¿Y por qué no se asegura el derecho de los indígenas de Loma? Hay otras tantas comunidades indígenas en tierra propia –pero no todavía titulada a su nombre–: los Manjui de Santa Rosa – Wonta; los Ayoreos de Cuyabía; los Nivaclé de Mistolar, para solamente mencionar algunas, y sólo dentro del distrito de Mariscal Estigarribia. Todas ellas sufren la misma barbaridad: que las estancias vecinas más y más se apoderan de su tierra –ya que no está con título propio–. De nuevo la pregunta: ¿Qué hace el INDI, que debería haber resuelto estas situaciones hace años? Los indígenas pierden su tierra y el ánimo de luchar, ya que parece en vano.

¿Qué compromiso toman los tantos candidatos a intendentes y a concejales que ahora organizan grandes eventos para conseguir votos? Hay otra desgracia más que afecta a muchas comunidades indígenas en el Chaco: las famosas certificaciones de carbono. El mucho dinero que fluye para que las comunidades se comprometan dejar algunas tantas hectáreas sin tocarlas –y por eso algunas estancias pueden ir sacando más árboles de lo permitido normalmente–, este dinero podría ser un gran servicio a las comunidades. Pero tristemente queda en los bolsillos de algunas personas, casi siempre ajenas a las comunidades indígenas. Este acto ilegal abre puertas y ventanas a más corrupción, de la cual lastimosamente tampoco se salvan los líderes indígenas.

RUTA BIOCEÁNICA Y ALREDEDORES

El segundo trayecto de la Ruta Bioceánica hasta ahora no se ha podido definir, porque tocaría a tierra indígena –lo que sería anticonstitucional–. Es lamentable que funcionarios del INDI y del MOPC han intentado conseguir la firma de indígenas para acceder a una ilegal entrega de parte de su tierra, declarando incluso el documento preparado para eso como “Consulta libre, previa, informada”. ¡Qué triste cuando las instituciones que deberían garantizar los derechos de los indígenas, trabajan en contra de ellos…! Evidentemente, podríamos continuar la lista de ilegalidades; comunidades sin tierra asegurada, sin tierra suficiente; sin caminos transitables; sin atención debida a su salud; sin suficiente acceso a agua potable; sin tener acceso a luz eléctrica; sin aulas y muebles dignos para la enseñanza primaria; sin acceso a educación secundaria y mucho menos terciaria. Sin embargo, no es para negar o esconder lo mucho que ya se ha conseguido, gracias a organizaciones de las iglesias, a entidades no gubernamentales y también a gubernamentales.

Pero no podemos cerrar los ojos ante tantas falencias todavía, sobre todo cuando es a causa de la imperante corrupción e impunidad, que no pocas veces obliga a indígenas a firmar facturas o certificados que no corresponden a la realidad. En vez de ver suicidios de jóvenes indígenas, quisiéramos verlos mucho más bien formados, animados, luchando en favor de sus comunidades, de sus culturas, de sus lenguas. En este sentido, es un orgullo saber que el pueblo nivaclé es el primero en tener una Academia Lingüística, pero sin que alguna institución haya podido asegurarles un espacio como oficina, lo que les hace perder el entusiasmo. Igual que los directores de las diferentes áreas de educación indígena que no disponen de ningún despacho digno para realizar su trabajo. ¡Ojalá que este año 2026 vea pasos hacia el bien común, que solamente puede serlo si incluye a los pueblos indígenas, respetando y valorando sus culturas!

OBSERVACIONES Y FUENTES: Aparte de no hablar ya de “Chamacocos”, sino de Yshyr y Tomaraho; tampoco “Maskoy” como etnia propia, debido al mestizaje dentro de las etnias de la familia lingüística Maskoy. Tener en cuenta lo siguiente:

Guaraníes Occidentales y Guaraní Ñandéva.

Nivaclé, Manjui, Maká (estos últimos viven hoy mayormente en el Departamento Central).

Enlhet Norte, Enxet Sur, Sanapaná, Angaité, Enenlhet, Guaná (y Maskoy).

Ayoreos, Yshyr, Tomaraho.

“El Monseñor Miguel Fritz Oblatos de María Inmaculada (OMI) es desde 2022 vicario apostólico VAP en la ciudad Mcal. Estigarribia del Chaco paraguayo”.

Informaciones generales sobre estos temas y otras relacionadas con ellas pueden obtenerse también en la página web, de acceso gratuito e inmediato: https://rsa.com.py/

Publicado el domingo 5 de abril de 2026 en el diario Última Hora de Asunción así como posteriormente en www.rsa.com.py y en redes sociales 

 Monseñor Miguel Fritz OMI

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