Plena vigencia de Estado de Derecho en Democracia es necesaria pero no suficiente. Aunque todos los miembros de una sociedad se consideren igualmente sujetos a códigos y procesos legales divulgados públicamente. Aunque la titularidad del poder se atribuya al conjunto de la ciudadanía y haya alternancia de partidos políticos en su ejercicio. Todo eso no bastará si es que ambos, Estado de Derecho y Democracia, no están regidos por valores que hagan valer en la práctica la dignidad humana y todas sus libertades. Se ha visto hasta el hartazgo en toda la historia de la humanidad que bien puede existir  Estado de Derecho, pero estar en manos de sátrapas o de un moderno autócrata implacable, en negación sistemática de Democracia. Tampoco hay que desconocer que ciertos Estados, autodenominados “demócratas” hasta en documentos oficiales, en los hechos sean feroces dictaduras en desprecio sistemático de derechos y libertades individuales.

EDUCACIÓN GENERAL. En ese contexto, se vuelve imprescindible articular mayorías en todos los niveles nacionales: vecinales, subregionales y regionales así como en asociaciones y partidos políticos. Una vez logrado esto último, habrá que seguir construyendo mayorías en los organismos representativos del Estado de Derecho en Democracia, tales como el Congreso Nacional. Sin mayorías obtenidas en elecciones generales y limpias, no es posible la Democracia. A tal efecto, habrá que bregar permanente e incansablemente por educación en todos sus niveles. Sin buena educación, nuestros electores serán en gran parte ignorantes y analfabetos, Y ellos pueden volverse mayoría.

SISTEMA ECONÓMICO. También pueden estar plenamente vigentes Estado de Derecho y Democracia con mayorías obtenidas en elecciones libres pero sin haber logrado decidirse por un sistema económico eficiente. Hemos visto en siglos pasados que la humanidad ha fracasado al aplicar meramente la economía libre de mercado, sin instancias reguladoras. El resultado ha sido una enorme concentración de riqueza en pocas manos junto con una lacerante desigualdad, cuyas expresiones más severas fueron pobreza y miseria.  También en el siglo pasado y en años contemporáneos hemos observado como la economía de planificación central se volvía incompatible con Democracia, degenerándose igualmente en desigualdad de oportunidades y en pobreza extrema, demoliendo derechos humanos, justicia social y equilibrio ecológico. Sólo aquellos Estados de Derecho en Democracia, con mayorías obtenidas vías elecciones libres, que han logrado una síntesis novedosa de economía de mercado con responsabilidad social y ecológica, han podido propulsar prosperidad compartida con mayor justicia social y equilibrio ambiental. Ese sistema económico, social y ecológico, bien combinado, ha logrado progresos significativos en el desarrollo de la humanidad.

AFIANZAR LIBERTADES. Por lo tanto, debe propenderse a Estado de Derecho en Democracia vía elecciones libres bajo el imperio de un sistema económico, social y ambiental que asegure no solamente el bienestar general de generaciones presentes sino también futuras. Sus características fundamentales son plena vigencia de libertades generales, incluyendo las económicas, con énfasis en competitividad internacional, y las religiosas así como el respeto a minorías étnicas, en un régimen político en el que se reconozca y ponga en práctica defensa nacional y seguridad múltiple (física y jurídica) junto con autonomías regionales en un todo integrado e integrador en materia de decisiones y de presupuestos públicos. Eso puede articularse sólo con mayorías electorales en el sentido descrito arriba.

NI DELITOS NI CRIMINALIDAD. Todo funcionará mejor si, por un lado, se combaten en la práctica los extremismos y populismos de todo signo así como todo tipo de autocracias y fundamentalismos junto con, por otro lado, la lucha permanente contra delitos económicos tradicionales (contrabando, evasión tributaria, producción de marcas y documentos falsos, etc.) y de última gama (lavado de dinero, precios de transferencia y giros ilegales), derrotando el crimen organizado. Se debe, simultáneamente, declarar la guerra al narco-tráfico así como al terrorismo nacional e internacional… y ganarla! Para esto último será necesaria la cooperación internacional de gobiernos amigos.

Dr. Ricardo Rodríguez Silvero